Un hombre sencillo que tenía sueños y aspiraciones modestas para sí mismo, pero que no podía quedarse con los brazos cruzados, mientras los nazis secuestraban la conciencia de los alemanes. Un carpintero que no era miembro activo del partido comunista, pero que comulgaba con las ideas de una Alemania justa para los trabajadores y campesinos.

Por: @JuanLoboGomez

@JuanLoboGomez

Hirschbiegel es uno de esos alemanes que no teme hablar del pasado de su gente. No le molesta recordar lo que sus antepasados fueron capaces de hacer y tampoco le incomoda tener que provocar a su audiencia con ello. Para él, el cine pareciera tener una responsabilidad con la memoria histórica, la verdad y la justicia. Sin embargo, nunca se ha puesto en la tarea de enjuiciar a los verdugos del pasado; en cambio, Hirschbiegel encaja mejor en el papel de un detective forense que desentierra la historia y la muestra para que el público pueda juzgarla.

La película nos lleva devuelta a los años treinta, cuando la República Alemana de Weimar agonizaba. El impacto económico y social producto de los humillantes términos del Tratado de Versalles (1918), el crack y la depresión de 1929 junto con la crisis política, impedía una efectiva gobernabilidad y favorecieron el ascenso de Hitler y su partido nazi. Las elecciones de 1933 son las primeras campanas de alerta que Hirschbiegel muestra en su película. El protagonista de este filme, Georg Elser, es un activista político de izquierdas, que aunque no es miembro activo del Partido Comunista Alemán (KPD) simpatiza con buena parte de la doctrina marxista y comparte múltiples amistades con los comunistas locales.

Para Hirschbiegel, Georg era un héroe anónimo que durante años fue tan sólo un mito para asustar a niños fascistas. Un hombre sencillo que tenía sueños y aspiraciones modestas para sí mismo, pero que no podía quedarse con los brazos cruzados, mientras los nazis secuestraban la conciencia de los alemanes. Un carpintero que no era miembro activo del partido comunista, pero que comulgaba con las ideas de una Alemania justa para los trabajadores y campesinos. Elser era un artesano experto y no fue difícil para él fabricar un artefacto explosivo para acabar con la vida de Hitler en un rally organizado en Múnich. Sin embargo, la suerte no estuvo de su lado y por un error de cálculo, el oscuro líder y canciller alemán salió ileso de este atentado y más pronto que antes, la Gestapo ya estaba encima del pobre Georg.

Al final, las autoridades del régimen deciden encarcelarlo y ejecutarlo en el campo de concentración de Dachau, luego de que el asedio militar de las fuerzas aliadas obligaron a los nazis a asesinar a los rebeldes como Georg, para evitar que éstos se conviertan en mártires de la resistencia antifascista. Pero para desgracia de los verdugos, la memoria de Elser es resarcida y su causa no muere del todo en vano, pues gracias a cineastas como Hirschbiegel, la conciencia de los alemanes es rescatada de las fauces de la guerra y del remordimiento como la culpa de quienes decidieron mirar a otro lado y cruzarse de brazos.

 

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