Sin música no habría discotecas, ni bares, solo tertuliaderos, con un silencio perturbador de fondo que impediría la fluidez de la conversación. Claramente, tampoco bailaríamos, lo que sería positivo para esa cantidad de amotrices que deambulan por la vida.

Por @CamiNogales

@CamiNogalesNo me imagino lo que sería vivir sin música. De hecho, mi vida sería incompleta porque sí con alguien me casé y, desde chiquita, fue con ella. Ha sido mí eterna compañera de viaje que me alegra y, dependiendo el caso, también me deprime, ambos sentimientos necesarios para sobrevivir a esta vida y a nosotros mismos. ¿Se imaginan uno escuchando en emisoras sólo noticias y nada de música? Seríamos una sociedad más neurótica de lo que ya somos.

¿Cómo se amenizarían las clases en los gimnasios? ¿Sólo con la voz del instructor? No pues qué divertido y peor aún no habría clases de rumba. Los conciertos tampoco existirían. Solo iríamos a teatro, a conferencias, a poesía… Lo único bueno serían los shows de stand-up comedy.

A pesar de mi amor por la música, sí le veo una ventaja a la vida sin ella. Podríamos ir al odontólogo tranquilamente sin escuchar Melodía Estéreo, mientras nos mortifican con la fresa. Otro punto a favor, para mi mamá y no para mí, es que sin música probablemente no me habría emborrachado, porque si algo agilizaba el proceso de alicoramiento eran las canciones que lo acompañaban. Tampoco la había despertado a las 6:00 a. m. con “Si tú te vas” de Juan Luis Guerra, a todo volumen, durante meses.

Sin música no habría discotecas, ni bares, solo tertuliaderos, con un silencio perturbador de fondo que impediría la fluidez de la conversación. Claramente, tampoco bailaríamos, lo que sería positivo para esa cantidad de amotrices que deambulan por la vida. No se dedicarían canciones, sino cartas o libros.

Los sonidos desestresantes que la reemplazarían, serían el del agua, los pájaros y la naturaleza en general. Nos dedicaríamos solo a meditar con un alto riesgo de quedarnos dormidos en el acto, mientras que una buena canción tiene efecto contrario que tampoco nos dejaría meditar.

Sin música, probablemente Shakira no habría conocido a Piqué, ni mucho menos a Toñito de la Rúa, Carlos Vives tampoco hubiera conocido a Claudia Elena Vásquez, Chris Martin a Gwineth Palthrow y así sucesivamente. Serían una cantidad de parejas de desconocidos y al mundo rosa se le disminuirían los chismes.

J Balvin seguiría siendo José y Maluma, Juan Luis. Nicky Jam sería simplemente Nick Rivera y Chayanne, Elmer Figueroa Arce. Si no tuviera música en este momento, el silencio de mi casa me habría impedido escribir este post porque estaría dormida o enloquecida, o todas las anteriores.

También me pregunto qué hubiera pasado con Idaly, la muchacha que me cuidaba cuando yo era chiquita, aquella vez que el novio le terminó a través de un disco de desprecio que tenía una canción que decía “tú eres la chancla que yo dejé tirada, en la basura a ver quién te recoge… ingrata, fea, piojosa, greñuda”. Ese verso, que me acompañará hasta la tumba, no sería nada sin la música que lo sigue.

Estas son las razones por las que considero que no hay vida más allá de la música.

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